sábado, 20 de julio de 2019

Razones y hechos. Parte I.

Te quiero porque cada cavidad de mi cuerpo encaja en el tuyo como un rompecabezas, cuyas fichas no se pegan de la forma más exacta, pero aún logran unirse y congeniar, y mostrar una imagen abstracta sin par. Por la casualidad justa de existir en este mundo, que el Sol hace un lugar habitable, en el momento exacto donde nuestras manos pueden juntarse. Como se busca resguardo un día de lluvia, pero también como se camina bajo ella, mojando cada punto de mi ser en la cantidad precisa. Aunque el hilo esté roto, porque decidimos caminar a la par sin necesidad de atarlo, porque nos atrae algo más fuerte. Sin fuerza porque la fuerza no es necesaria: en cambio, con intensidad, con cariño, con suavidad. Porque tu ser me lleva a quererte, porque podría escapar pero decido no hacerlo, porque no importa cuánto pase: seguir llegando a vos se siente como despertar de la pesadilla gris que es no poder abrazarte.
Te quiero.

lunes, 15 de julio de 2019

Por no-amor.

Quererte me duele porque no te quiero; te sobre-quiero. A un nivel difícilmente igualable. Y mientras yo te quiero, vos me soltás. Mientras yo te cuido, y te deseo, vos me alejás. O te alejás. O ambas. Por amor, decís. Porque no querés amarme antes de estar preparado. Y lo entiendo, porque yo tampoco creo estar preparada. Realmente te entiendo. Y aún así, no termino de comprender cómo alejarme me serviría para quererte, si cuando te abrazo puedo escuchar tu sonrisa inflandose en tus labios, puedo ver tus ojos llenarse de alegría. ¿Cómo algo tan sanador podría compararse con alejarte, si, alejarte es todo lo contrario? Y a este punto empiezo a dudar de si realmente me querés porque, aún sabiendo que necesito tu cercanía, decidís distanciarte.
Por amor, decís. Para que no quererme, pienso yo.