domingo, 19 de mayo de 2019

Un pedacito de mí frente al espejo.

El reflejo de ojos miel cansados,
de pelo inflado y algún grano sin tapar,
de manchas y pómulos desparejos,
asoman por el cuello de la camisa,
amores rotos, voces que gritan.


Mirando atrás veo con nostalgia y claridad.
El sol brillaba más fuerte,
las angustias pesaban menos.
El cuerpo sin suprimir y la voz tranquila,
todo parte de un juego empezando,
un juego que -ahora- preferiría no jugar.


Las risas eran fuertes,
y el invierno abrigaba,
y mamá me hacía trenzas,
pensar dolía cuando era lunes,
y los domingos pasaban sin llorar.


No recuerdo cuándo dejó de ser así.
Los jacarandás ya no florecen,
y mamá ya no me abraza.
Los cuentos se cerraron,
el juego me cansó.
Las pesadillas, moneda diaria,
contra el deseo de despertar,

y que todo sea diferente.

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