Ya no te amo. En este tiempo entendí que amarte nos lastimaba más que no hacerlo, y aunque por momentos te extrañe, ansíe el calor dulce de tus abrazos y la suavidad de tus besos, muy dentro de mí sé que llevarlo a más, y amarte, nos hace sufrir más que no tenernos. Por mi parte no quiero ser más lo que te arañe los brazos y te deje sin aliento, o te estaquee en la cama la mañana de un sábado, o te presione el pecho impunemente. No es mi intención hacerte sufrir, por mucho que me hayas hecho llorar vos. No te amo y no es porque no tenga el deseo de hacerlo, ni porque no me gustes, ni porque no lo merezcas. Todo eso pasa, y aún así decido no amarte como terapia, porque amarte me lastima más de lo que me cura, y aunque vos no tengas la culpa, sino mi amor tonto y desequilibrado, elijo dolorosamente no amarte, por el bien de los dos.
Hace un tiempo que no te veo de la misma forma. Que no te busco en sueños ni miro tu cara en las fotos que guardo al final del cajón de la mesita de luz. Vos te merecés que te amen, y yo ya no lo hago, y quizá por eso yo merezco el hielo de tu lado. Pero también merezco que me amen como vos no lo hiciste, ni como vos lo haces. Te quiero hasta el punto en que la sangre entra en ebullición, allí donde se evapora y se convierte en el humo que nos dispersa las ideas y nos enamora desde el inicio hasta el final de nosotros mismos. En ese mismo punto está el abismo, y aunque miles de veces lo haya hecho, hoy decido no saltar en él; me voy a quedar en el borde esperando a sentirme mejor, y aunque quizá en otro momento decida saltar de nuevo, hoy estoy segura de que lo único que quiero es sentarme a mirar el paisaje, y pedirte que vos tampoco saltes por ahora, porque no me gusta verte estampado al final del vacío.
Lamentablemente una parte de mí siempre va a necesitar tu cercanía, porque quedaste grabado a fuego lento y cicatrices en mi interior. Sin embargo, me enorgullezco de decir que ya no te amo, que el sentimiento se extinguió en nuestro último beso en la frente, en nuestra última carta, en esa última vez que te tuve en frente a la vuelta de tu casa. Ya no me quedan comodines para jugar, no tengo monedas para apostarle a esto en lo que voy sola mientras a vos te acontece algo más importante, me quedé sin suspiros para dedicarte y se me vació el tanque de nafta como para ir a buscarte a donde vos mismo decidiste ir a parar. Ya no te amo y, aunque mis ganas de apretarte y pegarme a vos siguen siendo las mismas, esto que siento, sanador, me deja parada en el inicio, en la Tierra de la rayuela, donde todavía puedo tirar la piedrita y llegar a un Cielo donde las nubes no tengan el color de tu piel y el Sol no brille con la misma intensidad que tu sonrisa. No te amo, mi amor, porque me cansé de desgarrarme y luchar por una causa que no merece mi fuerza, ni mi voluntad. Y vos no sé, nunca terminé de saber. Te prometo que aunque no te ame, puedo sostener tu mano a los lejos, pero sin el apretón en el pecho de que te quiera más de lo necesario, porque ahí es donde los errores vuelven y el amor busca echar raíces de barro seco y no de semillas. Aún me quedan fuerzas, pero ya no puedo sostener tu alma dentro tuyo, porque quiero que el no amarte sea sanador para los dos, y yo estoy cansada de darte todo mientras de tu lado a duras penas llegan migajas. Espero que en algún futuro el amarte no me lastime como si tuvieses espinas alrededor, que esas mismas migajas se conviertan en abrazos bajo un jacarandá, aunque dudo que quieras y elijas volver a ocupar el lugar en mi interior que siempre va a tener tu nombre. Sin embargo, no te amo, y no me corresponde a mí arreglar las partes que no rompí. Quizá ese haya sido mi error en primer lugar, pero ya no sirve marcarlo, porque ya no te amo y no hay nada que puedas ahora (en este preciso instante que puede durar lo mismo que un suspiro, un invierno o una eternidad) hacer para cambiarlo.
Hace un tiempo que no te veo de la misma forma. Que no te busco en sueños ni miro tu cara en las fotos que guardo al final del cajón de la mesita de luz. Vos te merecés que te amen, y yo ya no lo hago, y quizá por eso yo merezco el hielo de tu lado. Pero también merezco que me amen como vos no lo hiciste, ni como vos lo haces. Te quiero hasta el punto en que la sangre entra en ebullición, allí donde se evapora y se convierte en el humo que nos dispersa las ideas y nos enamora desde el inicio hasta el final de nosotros mismos. En ese mismo punto está el abismo, y aunque miles de veces lo haya hecho, hoy decido no saltar en él; me voy a quedar en el borde esperando a sentirme mejor, y aunque quizá en otro momento decida saltar de nuevo, hoy estoy segura de que lo único que quiero es sentarme a mirar el paisaje, y pedirte que vos tampoco saltes por ahora, porque no me gusta verte estampado al final del vacío.
Lamentablemente una parte de mí siempre va a necesitar tu cercanía, porque quedaste grabado a fuego lento y cicatrices en mi interior. Sin embargo, me enorgullezco de decir que ya no te amo, que el sentimiento se extinguió en nuestro último beso en la frente, en nuestra última carta, en esa última vez que te tuve en frente a la vuelta de tu casa. Ya no me quedan comodines para jugar, no tengo monedas para apostarle a esto en lo que voy sola mientras a vos te acontece algo más importante, me quedé sin suspiros para dedicarte y se me vació el tanque de nafta como para ir a buscarte a donde vos mismo decidiste ir a parar. Ya no te amo y, aunque mis ganas de apretarte y pegarme a vos siguen siendo las mismas, esto que siento, sanador, me deja parada en el inicio, en la Tierra de la rayuela, donde todavía puedo tirar la piedrita y llegar a un Cielo donde las nubes no tengan el color de tu piel y el Sol no brille con la misma intensidad que tu sonrisa. No te amo, mi amor, porque me cansé de desgarrarme y luchar por una causa que no merece mi fuerza, ni mi voluntad. Y vos no sé, nunca terminé de saber. Te prometo que aunque no te ame, puedo sostener tu mano a los lejos, pero sin el apretón en el pecho de que te quiera más de lo necesario, porque ahí es donde los errores vuelven y el amor busca echar raíces de barro seco y no de semillas. Aún me quedan fuerzas, pero ya no puedo sostener tu alma dentro tuyo, porque quiero que el no amarte sea sanador para los dos, y yo estoy cansada de darte todo mientras de tu lado a duras penas llegan migajas. Espero que en algún futuro el amarte no me lastime como si tuvieses espinas alrededor, que esas mismas migajas se conviertan en abrazos bajo un jacarandá, aunque dudo que quieras y elijas volver a ocupar el lugar en mi interior que siempre va a tener tu nombre. Sin embargo, no te amo, y no me corresponde a mí arreglar las partes que no rompí. Quizá ese haya sido mi error en primer lugar, pero ya no sirve marcarlo, porque ya no te amo y no hay nada que puedas ahora (en este preciso instante que puede durar lo mismo que un suspiro, un invierno o una eternidad) hacer para cambiarlo.
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