Me molesta tu amor.
Me molesta que tu amor siga llegándome hasta el fondo. Que me abrace, que no le haga asco a mis lágrimas de cocodrilo, que me prepare un matecocido cuando estoy triste, que me acaricie el pelo y me masajee la espalda cuando estoy tensa, que me haga cosquillas cuando no lo espero.
Me molesta tu amor que sigue haciéndome reír, pero también llorar. Que me mira a los ojos y me da besos en las mejillas, que me abraza, que me coge sabiendo cómo me gusta, que me aprieta, que me muerde suavemente, que no me pide nada a cambio.
Me molesta tu amor que me tiene paciencia, que me lame las heridas, que me cuida cuando me enfermo, que busca hacerme sentir bien cuando todo está mal, que me alienta a lograr más, que me levanta cuando me caigo de cara al suelo.
Me moleta tu amor que hace que los días sean soleados, que me abre el paraguas cuando llueve, que me lleva de la mano a algún lugar seguro antes de la tormenta, que me da calor cuando tengo frío, que me visita de noche para arroparme y desearme dulces sueños.
Me molesta tu amor despreocupado y simple, que no espera nada a cambio. Tu amor perspicaz, que sabe cómo me siento antes de que se lo diga. Tu amor empecinado a quererme, a buscar una rendija por la cual entrar a mi ser y quedarse ahí, incluso cuando no quiero darle lugar.
Me molesta tu amor.
Me molesta, porque, adentro mío, tu amor llena todos los agujeritos como si fuese cemento, o chicle, y me da rabia sentirme así de bien. Me molesta tu amor porque me agarra y no me suelta. Porque no quiero que me suelte. Porque busca a mi amor y en ese segundo donde me desconcentro con una caricia tuya, perdí. Porque lo quiero, porque lo acepto, porque me lleva a amarte con la misma intensidad.
Me molesta tu amor porque no me molesta en lo más mínimo.
domingo, 26 de mayo de 2019
domingo, 19 de mayo de 2019
Un pedacito de mí frente al espejo.
El reflejo de ojos miel cansados,
de pelo inflado y algún grano sin tapar,
de manchas y pómulos desparejos,
asoman por el cuello de la camisa,
amores rotos, voces que gritan.
Mirando atrás veo con nostalgia y claridad.
El sol brillaba más fuerte,
las angustias pesaban menos.
El cuerpo sin suprimir y la voz tranquila,
todo parte de un juego empezando,
un juego que -ahora- preferiría no jugar.
Las risas eran fuertes,
y el invierno abrigaba,
y mamá me hacía trenzas,
pensar dolía cuando era lunes,
y los domingos pasaban sin llorar.
No recuerdo cuándo dejó de ser así.
Los jacarandás ya no florecen,
y mamá ya no me abraza.
Los cuentos se cerraron,
el juego me cansó.
Las pesadillas, moneda diaria,
contra el deseo de despertar,
y que todo sea diferente.
Esquinas que huelen a rodillas lastimadas y deseos para mañana.
Me dejaste con la cabeza rota,
pero la pieza ordenada.
El corazón en pedazos,
y la silla de al lado vacía,
y los muebles limpios.
Un sábado, o domingo, o lunes,
a la mañana, a la tarde,
como cuando estábamos en cero.
Los brazos vacíos,
y el cuerpo cansado,
y los ojos hinchados.
Las esperanzas lejos,
cerca del precipicio, en la esquina,
de las calles que no sé cruzar.
Las ganas de estar bien,
pero también las de arruinarme,
y caerme en esas esquinas y llorar.
Sin un abrazo más,
ni un beso, ni un "buenos días",
ni un "dulces sueños".
Y ojalá que seas feliz,
y la vida te trate bien,
y pueda encontrarte otra vez,
y vos a mí,
y esto sea solo una pesadilla,
de esas de las cuatro de la mañana,
en las que tu palabra, siempre justa,
me calma y me arropa de nuevo.
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